viernes, 29 de diciembre de 2017

fotografía

quizás el día antes de mi muerte, alguien me tome una foto sin querer.
quizás sea un nieto torpe o un desconocido que apuntaba a otro lugar.
quizás parezca alguien importante en esa foto, alguien que merece el recuerdo.
quizás esa persona, en el momento del disparo, sienta un escalofrío. 

o quizás no, 
porque el mundo no es un escalofrío constante. 
o quizás sí,
no sé.

jueves, 28 de diciembre de 2017

dormir sola

dormir sola cuando tengo miedo.
invocar voces familiares con una serie de Netflix que ya he visto. 
dejar la lamparita encendida hasta que olvido y el sueño se impone.

dormir sola cuando hace frío. 
acumular mantas, mover las piernas, el tronco, acumular peso, 
simular el abrazo.

dormir sola cuando tengo migraña.
dormir con pastillas cerca, con el dolor más cerca aún.
esperar, mantener la calma, esperar.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

pese a las lluvias

mis carnes me han esquivado estas semanas.
sin afecto, sin deseo, dejaron de sentirme. 
he estado arrastrando sus sombras, pese a las lluvias.

pero esta tarde, con Lisístrata de fondo, he decidido meterme en la ducha.

la piel estaba fría aunque sólo me he dado cuenta cuando el agua, templada,
ha empezado a caer.  y entonces he sonreído muy fuerte. 
tanto, que me he asustado.

qué gusto el abrazo del calor en ese manto líquido,
qué gusto sentir los músculos mientras volvían a sus células. 
qué gusto estar viva, tener una ducha propia, un cuarto propio.

sábado, 9 de diciembre de 2017

de pestañas para arriba

Lo odiaba. Lo odiaba tanto que intentaba adelantarme a su crecimiento, erradicar cualquier rastro previo a la lluvia. Lo odiaba porque ensuciaba la belleza que había debajo. De veras pensaba que ensuciaba la belleza que había debajo. 

Cera, cuchillas, pinzas, crema, láser, maquinilla, decolorante. 
Cera, cuchillas, pinzas, crema, láser, maquinilla, decolorante. 

Piel de niña en cuerpo de mujer. Suavidad, tersura, perfección de carne de bebé, en un cuerpo con carne adulta. Todos, me decían, prefieren el pelo de pestañas para arriba y nada más. Cumplir con la fantasía por miedo. Siempre cumplía y mis poros sangraban por miedo.

Entonces, al enfermar, lejos del sexo y de la vida, el pelo me fue abandonando: 

axilas, pubis, cabeza, cejas, pestañas, brazos, piernas.
axilas, pubis, cabeza, cejas, pestañas, brazos, piernas.

El pelo me fue abandonando, el poco color que mi piel contenía también. Sentía la sangre estancarse, coagularse. La sentía sólida y seca en mí, quieta, demasiado quieta. El pulso irregular, vago, cansado. El pulso que pasaba de puntillas, para no molestar. Podría haber metido los pies en una maceta, dejarme enraizar, marchitarme dentro de la vegetación interior.

Pero pasaron meses, ahogos, y un día el pelo volvió tímidamente. Porque el sexo y la vida siempre vuelven, cuando no te dejas morir, no del todo. Mis ingles, axilas y piernas volvieron a sombrearse y no quise arrancarlo. Quise aferrarme a él.