jueves, 5 de octubre de 2017

Hipermovilidad/Hipomovilidad vertebral


Para C. M.

Resulta que las vértebras de mi cuello son anormales.
Resulta que unas, la mayoría, se han echado a dormir
mientras otras, unas pocas, están haciendo todo el trabajo.
Resulta que mi cuello y mi espíritu tienen demasiado que ver.


Hace tiempo sé que los nervios lo bloquean. En una primera fase ansiosa
los músculos se agarrotan, me siento un gato escayolado.
En la segunda, la tensión se acumula y una bola de grasa nace en el interior de la garganta. 
Se queda ahí: atragantándome sin asfixiar. No, del todo.

Hace tiempo que sé también, que estos nervios tienen consecuencias reales, 
musculares, físicas, respiratorias, dermatológicas, cardíacas.
Que me estoy matando yo sola y poco puedo hacer
mas que resistir, resistirme, aguantar el daño que me inflijo.

Resulta que las vértebras de mi cuello son tan anormales
como mis flujos de angustia y estabilidad. Resulta que un fisioterapeuta
puede ayudarme con los efectos pero no con la bilis,
con el absurdo dolor interno que detono cada día.

Resulta que unas son hipermóviles y otras, hipomóviles. 
Resulta que yo funciono así, cada parte de mi anatomía funciona así:
en una atrofia que me permite seguir con dolor, 
seguir sin llegar a ningún lado.



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